El que está cruzando el río nació en San Nicolás (provincia de Buenos Aires) en 1972 y vive en Rosario desde 1990.
Es profesor y licenciado en Letras, y Doctor en Humanidades y Artes, con mención en Literatura. Colaboró con reseñas, notas y entrevistas en el periódico El Eslabón, el diario El ciudadano & su región, el diario digital Redacción Rosario, el suplemento "Señales" del diario La Capital, la revista Diario de Poesía y en la sección reseñas de
http://www.bazaramericano.com/.
Es uno de los responsables de Salón de Lectura, sección de escritores del banco sonoro
Sonidos de Rosario y seleccionó y prologó Imaginarios Comunes. Obra periodística de Fernando Toloza (Córdoba, Editorial Recovecos, 2009).
Escribió
Letras de rock argentino. Género, estilos y transposiciones (1965-2008), Baja tensión (Rosario, Editorial Municipal de Rosario, 2012), Desaire (Bs. As., En Danza, 2014) y el inédito Locales y visitantes.

lunes, 4 de octubre de 2010

Por un nuevo orden de cosas. Sobre Epígrafes para leer un diario, de Valerio Magrelli.


La excelente edición bilingüe de Epígrafes para la lectura de un diario, del poeta italiano Valerio Magrelli, deja pronto atrás, a fuerza de lucidez y potencia expresiva, un par de equívocos iniciales, propios y ajenos. Ni el autor actúa como "vehículo explicativo de uno de los medios de comunicación más importante de los siglos XIX y XX", según aventura el prologuista y traductor Guillermo Piro; ni cumple estrictamente con lo que sugiere a través del título, que es componer una suerte de manual de uso. Lo que hace más bien Magrelli con su libro es indagar poéticamente la trama de temas, retóricas y posiciones enunciativas (ideológicas) que ese medio resulta.
Esta operación —la lectura de otra lectura (la que el diario hace de "la realidad")— se produce fuera del contexto inmediato de recepción del mismo, desconociendo deliberadamente el contrato de lectura que éste supone.
El epígrafe de T. S. Eliot, con que se inicia la obra, hace alusión a ese nuevo horizonte de expectativas: "¿Dónde está la vida que hemos perdido con la vida?/ ¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento?/ ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido con la información?" El trabajo literario se proyecta deceptivamente hacia ese lugar. Mientras no sirve para explicar nada —aporta un saber ineficaz—, se conforma con perturbar las explicaciones ajenas.
El modo en que Epígrafes... relaciona poesía y periodismo se aleja de ciertos lugares comunes. Entre ellos, el que concibe al par como una fácil oposición de experiencias lingüísticas divergentes, que se repelen entre sí. Aquí se confunden y toman distancia, una y otra vez, a través de una mirada inquieta y penetrante, juguetona cuando versa sobre la procedencia del papel de diario, detallista cuando lee el "código de barras" o totalizadora cuando reflexiona sobre la circulación del producto o sobre la nueva temporalidad que instaura su discurso.
Ese juego de deslizamientos, que no está rígidamente ordenado sino que se produce de manera un poco anárquica, encadena textos sobre elementos paratextuales, tipologías diversas, géneros periodísticos, secciones habituales con que se organiza la "información".
Todos esos focos de atención pueden servir para que el diario se lea a sí mismo, como si el lenguaje que lo soporta abrigara el potencial necesario ("suspiros contenidos, repiqueteos" del sentido "dentro del caballo de Troya") para corromper sus propios fines: la reproducción de un orden de cosas.
De lo micro a lo macro, los breves poemas de Magrelli —casi epigramáticos por momentos— ensayan una filosofía materialista del lenguaje (periodístico).
Por ello, atienden a la "lenta metamorfosis/ de la madera, con troncos/ macerados que se vuelven sopa/ y puré y magma y fibras: el papel", que será convertido luego en mercancía ("una moneda-papel/ cuyo valor mágico vence en veinticuatro horas") para ofrecerse al público a través de sus titulares ("pretextos para atraer/ la atención textil/ del lector, trampas,/ cepos") y ser consumida y desechada más tarde como "carroña ya carneada".
La dimensión mitificadora del discurso periodístico parece hallar su correlato en los procedimientos neologizantes de la poesía. Como en el cómic y en el rock, se suelen superponer palabras o partículas que le dan un potente poder de concentración al lenguaje: "Euro, neo-metamorfosis,/ mito nuevo flamante". La diferencia radicaría en la dimensión política de ambos procederes.
El nuevo orden que instaura día a día la prensa es, para Magrelli, conservador ("Siempre hay un obispo, un mártir o una virgen/ que tiñe de sangre sacra el fruto de las/ rotativas"), se basa en un código que "hace sentir de todo/ donde no pasa nada", y como la leche "recibe y traduce cualquier diversidad/ en un suero pentecostal". El eterno retorno que propone, el "yo-yo" de la vida cotidiana con que la prensa insiste se diferenciaría según Epígrafes... de otro orden, poético, cambiante, igual de arbitrario, necesario para suspender momentáneamente el que instauran los poderosos, aquel que pretende poner sordina al "soplido de la muerte y de la mercancía".

Publicado en "Señales", La Capital, 9/11/08.

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